Una vida plena

La vida es y además tiene derecho a ser como es. Nosotros nos esforzamos por burlar la realidad, pero al final es ella quien se burla de nuestras ilusiones de que las cosas sean de un modo diferente al que son.

Aceptación no significa resignación ni victimismo, sino todo lo contrario, es una actitud heroíca que forma una alianza con la vida para ponerse a su servicio, para sumar fuerzas en lugar de confrontarlas. En la confrontación y en el desafío permanece la idea de que la vida es injusta y cruel, y por tanto, debemos ser fuertes para luchar contra ella. Significa mantener viva la idea de que su voluntad y la mía están enfrentadas. Esta manera de mirar a la vida puede concedernos algunos logros y momentos de felicidad pero nunca puede darnos la plenitud, porque plenitud es entrega a la vida en su totalidad.

Todo problema surge de la negación de un suceso, de la resistencia a aceptar que un hecho es tal y como es. Esta negación nos obliga a elevar la cabeza y a abrir el pecho de manera impuesta y forzada, como actitud de confrontación ante la vida; una actitud soberbia que le está diciendo a la vida, yo estoy por encima de ti, y por encima de todos aquellos que no me han dado lo que merecía.

Ponernos por encima de la vida es ponernos por encima de nuestra madre; significa desear que ella y nuestro padre sean de un modo distinto a como son, lo cual implica negar que hemos recibido de ellos lo necesario para ser personas adultas, responsables y capaces de satisfacer nuestras necesidades. De esta manera en lugar de sentirnos libres y amados para servir a la vida, nos sentimos atados a la culpa y al dolor de nuestra familia.

Plenitud es acoger la vida en su totalidad, sin desmenuzarla ni separarla; es una entrega completa a los sucesos tal y como son, reconociendo la verdad de lo acontecido con la cabeza ligeramente inclinada. Así es como nos ponemos al servicio de la vida, con humildad y escucha, y así es como nos liberamos de la preocupación que nos genera la idea de que las cosas deberían ser diferentes. Así es como podemos caminar por el mundo confiando en la vida, porque nadie es un reto sino que todos son una oportunidad de ofrecer nuestro servicio y de bendecir cada paso que damos.

Asintiendo a la vida recuperamos el vínculo con la madre, con la fuente de la cual emana el manantial de la plenitud y la abundancia, y caminando hacia ella y mirándola a los ojos con serenidad podemos tomarla completamente, en su totalidad y recibiendo su abundancia.

 

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