La libertad del compromiso

Hay un tipo de persona que huye del compromiso y los planes; su mayor satisfacción es sentirse libres para poder hacer lo que más les apetezca a cada instante. Mientras a la gran mayoría les atraen los planes y saber qué harán los próximos tres fines de semana, ellos son rebeldes de su propia causa: ser fieles a su propia naturaleza.

Sí, ciertas personas sienten un impulso por ser fieles a lo que sienten a cada instante, y este impulso les impide hacer planes a largo plazo ya que saben que llegado el momento podrían sentir el anhelo de hacer algo diferente, más conectado a su necesidad de ese momento presente. Los rebeldes viven en el hoy; cuando muchos otros prefieren vivir en un mañana programado, ellos son hedonistas adictos a la libertad, el placer y el bienestar.

Su negativa a hacer cualquier cosa que no les aporte satisfacción es su cualidad más admirada por aquellos que anhelan un poco de libertad y espontaneidad en su vida. Acercarse a ellos es acercarse al lado salvaje de la vida, al instinto de la natura en vez de estar siempre acotado por las normas de la cultura.

Estas personas suelen tener una gran habilidad creativa basada en la inspiración que la conexión con sus propios sentimientos les ofrece, pero a veces tienen dificultad para desarrollar las ideas que de forma tan inspiradora y espontánea emergen en su conciencia. Su negativa al compromiso se convierte en un obstáculo cuando tienen que asumir la tarea de crear una estructura para su proyecto, porque este trabajo requiere de cierta concentración y constancia, cualidades de las que con frecuencia adolecen.

Entrar en esos espacios de persistencia es para ellos un esfuerzo que no merece la pena, un sacrificio que les arrebata su constante fluir en la vida. Cada vez que tienen que poner un poco más de empeño del que les gustaría, se rinden. Poco a poco, sin darse cuenta, se ven una y otra vez repitiendo las mismas costumbres, en un estado de eterno Peter Pan que por negarse a vivir ni un segundo de incomodidad, no crece; se estanca y poco a poco se pudre.

Algunos de ellos se dan cuenta entonces que ha generado una resistencia a estar en situaciones que no les sean placenteras y de que con la excusa de la libertad han estado encubriendo su miedo a no sentirse capaces de sostener una relación o un trabajo durante un largo período de tiempo, porque en verdad no confían en sí mismos; saben que son inestables y temen que los demás se den cuenta.

Aquel o aquella de entre ellos y ellas que toma conciencia de esto recibe un duro golpe en su autoestima, y de repente se ve sumergido en una grave crisis de identidad. Sufre y se culpa en silencio por las malas decisiones tomadas hasta que un día, incapaz ya de sostener su pesar, se atreve a confesar lo arrogante que ha sido y lo débil que se siente en verdad; por primera vez en su vida adulta, se hace responsable de los sentimientos de malestar que experimenta y deja de culpar al mundo; finalmente asume que ha estado toda su vida intentando evitar sentir su propia vulnerabilidad.

Es así como se libera de la carga que ha estado soportando, y se encuentra consigo mismo, desnudo, frágil y a la vez valiente. Esta nueva valentía conquistada le da la fuerzas para atreverse a realizar las tareas de las que antes rehuía; entra en el ojo del huracán, allí donde en medio de una gran tormenta se puede encontrar paz.

Aprende a ser amable consigo mismo, aceptando sus limitaciones y no dejándose frenar por ellas. Su dedicación eleva sus ideas a proyectos y estos le compensan con un mayor bienestar que le permite ser aún más capaz de disfrutar de sus instintos con más libertad. Ahora ha aprendido que en el compromiso se encuentra su verdadera evolución, la que que le permite disfrutar de una libertad realmente ilimitada.

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