El amor de la pareja

La experiencia acaba demostrando en la mayoría de ocasiones que existe una clara tendencia a idealizar a  nuestro compañero al inicio de una relación. La ilusión de vivir el romance que hemos estado soñando parece que se ha convertido en realidad y ha llegado nuestro momento, y por supuesto no queremos que nada, ni tan siquiera la realidad nos diga lo contrario. Así que nos negamos a ver cualquier indicador que pueda poner en peligro la felicidad recién conquistada.

Después de una etapa de éxtasis compartido parece que se abre un período de reflexión durante el cual las cualidades de la otra persona se ponen en entredicho; ciertas actitudes suyas que antes parecían simpáticas empiezan a incomodar. Poco a poco el peso de la balanza de la relación va cayendo del lado de la infelicidad hasta que la mente ya no puede contenerse y empieza su viaje fuera de la relación; imagina que se toma unas vacaciones y mentalmente vive como si ya no estuviera en ella.

Cuando se siente liberada del compromiso de vincular su felicidad a esa persona que no está a la altura de las expectativas creadas, se libera también de ellas y puede mirar a la otra persona de nuevo por primera vez, pero esta vez con los ojos limpios de quien no espera nada de nadie. Sin necesidad de ajustarse a expectativas, el compañero o compañera se aparece tal cual es, libre de ser ella misma, única y auténtica, incomparable belleza que siente la tristeza de la separación.

Libres de compromiso ambos se muestran tal y como son, en vez de esperar del otro que cubra sus propios sentimientos de incapacidad, se abren a confesarlos; cada momento se llena con la presencia de la verdad de lo que cada uno siente. Cuando ambos asumen el cien por cien de la responsabilidad de su parte, la otra persona es libre para ser como es y se transforman uno a otro en hombre y en mujer.

 

 

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