Atrévete a brillar

Muchos tenemos miedo a lo que los demás opinen de nosotros pero la diferencia entre quienes tienen éxito y quienes no es que los primeros afrontan sus miedos con valentía mientras los segundos se quedan paralizados o se ocultan detrás de la valentía de otros.

Personalmente no aspiro a superar ese miedo; me conformo con ser capaz de afrontarlo así, con esa actitud valiente. Hay quien dice que justamente así, afrontándolo con esta actitud, es como se supera el miedo, y si bien es cierto que poco a poco uno se acostumbra a estar en determinada situación y se va sintiendo más cómodo en ella, el respeto nunca desaparece del todo.

Muchos cantantes y músicos dicen que aún ahora, después de años de experiencia sobre el escenario, sienten mariposas en su vientre antes de un concierto. Incluso admiten que el día en que no sea así lo dejarán. ¿Cómo es eso? Porque justamente lo que les impulsa a hacerlo es el anhelo de libertad, de permitir que ese niño o niña que tiene miedo a equivocarse, tenga permiso para hacerlo.

Ahora yo soy la persona adulta que cuida de mi niño herido y le voy a dejar jugar y expresarse; tanto si se equivoca como si acierta, quiero que sepa que lo amo tal y como es. Quiero que el niño que aún tiembla dentro de mí, por miedo a que lo castiguen por decir lo que piensa, sepa que ya no tiene ocultarse, y que puede ser como es.

La mayoría de nosotros crecimos adaptándonos a las necesidades de otras personas que no tenían el tiempo o la fuerza para mirarnos, porque su mente estaba ocupada en otros asuntos. Aprendimos a ganarnos su atención, descubriendo lo que era importante para ellas, hasta negar lo que era importante para nosotros.

La exposición pública confronta todas las estrategias de supervivencia que hemos desarrollado hasta ahora, pero estas estrategias ya no me sirven para ser feliz; ahora hay un anhelo dentro mí que ningún logro puede satisfacer. Busco la plenitud de la vida, la felicidad que permite que todo mi ser tenga cabida en ella. Busco no tener que sesgarme para complacer; aprender a amarme con indulgencia. Quizá no lo hago tan bien como quisiera, pero lo hago lo mejor que puedo y valoro mi valentía por estar aquí e intentarlo.

Por eso, me pongo delante de ti, sin máscaras ni corazas, a corazón abierto, con la misma delicadeza y fuerza que una flor en medio de un camino: quizá alguien pueda pisarla, y aún así ella abre sus pétalos y entrega su fragancia al mundo.

About Sergi

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *