Las puertas de la melancolía

Dice una parábola taoísta que un joven que baila y ríe no tiene nada de especial, pero si ves a un anciano reír y bailar, entonces hay algo más; un hecho inusual está teniendo lugar. La alegría en la juventud es bastante común; el sentimiento de que todo es posible invade de entusiasmo a los jóvenes y la alegría y la celebración es una constante en su vida.

¿Cuándo termina la juventud? La juventud termina cuando te esfuerzas por disfrutar cada momento, sabiendo ya que son fugaces y que no puedes retenerlos; son una brisa de viento que pasan y acarician tu vida. Cuando te aferras a esos momentos tratando de abarzarlos y retenerlos en tu memoria, ya eres adulto, porque la inocencia ha sido adulterada.

La melancolía es un sentimiento de tristeza ante la expectativa de una pérdida futura, basada en el dolor por una pérdida pasada; una despedida constante y progresiva de todo cuanto se ama. La melancolía es el síntoma de la muerte de la inocencia y el nacimiento de la desconfianza en la vida.

Cuando desconfías de la vida no quieres dejarte llevar por ella, sino que la ves como tu enemiga y por eso te enfrentas a ella; te preparas, te haces fuerte e independiente para superar obstáculos. Hemos creado una idea de éxito y felicidad vinculada a nuestra capacidad de superar obstáculos, y así vivimos enfrentando los hechos sin afrontar lo que sentimos ante ellos. Si logramos nuestro objetivo estamos felices y si no, nos sentimos culpables o culpamos a alguien.

Así, luchando con la vida, nos hacemos fuertes, tan fuertes como para no sentir esa melancolía que impregna con sabor a despedida los besos que damos; incluso la madre que besa a su bebé, a veces lo hace con dolor porque se despide de un instante que ya no volverá. Qué bonita inocencia cuando ese pensamiento no está; cuando puedes vivir el momento sin mirar atrás ni pensar en lo que vendrá.

¿Te gustaría ser inocente siempre? Sería un esfuerzo más, una lucha contra la naturaleza, porque es natural sentir dolor cuando pierdes a alguien y también sentir tristeza ante su ausencia. Entonces ninguna técnica de superación personal puede ayudarte, porque no hay nada que superar, sino simplemente es necesario vivir y aceptar.

Todo tiene su lugar en la vida: la alegría y la celebración; cada día doy las gracias por esos momentos en que parece que la vida obedece tu voluntad y se convierte en una fiesta. De nuevo te sientes joven y entusiasmado; te sientes fuerte y capaz de todo. Otras veces la naturaleza de la vida tiene su propia voluntad y resistirse a ella es resignarse a vivir en el esfuerzo y la insatisfacción.

LOS SENTIMIENTOS Y LAS ESTACIONES

En primavera hay flores y en otoño caen las hojas, y sin embargo el árbol permanece a través de todas las estaciones. No puedes acelerar las estaciones del mismo modo que no puedes acelerar lo que sientes. Si quieres disfrutar de la primavera, primera tienes que pasar el invierno,; si quieres gozar de la alegría, primero tienes que abrazar la tristeza.

La tristeza te enseña que no eres capaz de todo, que la naturaleza es más fuerte que tú y que no siempre puedes conseguir lo que quieres. Entonces te sientes débil, vulnerable, la máscara de fortaleza que has dibujado en tu cara para triunfar en el mundo y ser reconocido como una persona talentosa, capaz, fuerte e independiente, se desmorona y apareces tú de verdad, desnudo, fràgil, vulnerable, y por fin dejas de luchar y resistirte a la vida. Al contrario, te entregas a ella; recuperas la inocencia de dejar que la vida sea como es sin querer manipularla constantemente a tu antojo para obtener un beneficio. Y en esa inocencia, descansas, lloras, te liberas y encuentras de nuevo paz y puedes vivir en armonía.

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