Parábola de Aqin

Nada mejor que un paseo en el bosque para alejarte de las preocupaciones y recuperar la armonía en tu vida. Armonía significa amplificar la belleza natural; fundir la mente en la escucha del sentimiento y abrirse a vivirlo sin negación, simplemente aceptando cada vivencia como aceptamos las estaciones del año: en invierno hace frío y me tapo; en verano hace calor y me refresco.

A continuación te cuento una parábola sobre lo difícil que resulta mantener el equilibrio cuando se vive en sociedad, y a la vez lo sencillo qué es cuando se da voz al corazón y no a los pensamientos. La parábola dice así:

El Tao es el camino

Lao Tse

Los vecinos del maestro Aqin le respetaban por su honradez. Cierto día una joven que vivía cerca de Aqin quedó embarazada; sus padres se enfadaron mucho y quisieron saber quién era el padre. Ella no quería decirlo pero tras un largo tira y afloja,nombró a Aqin. Enojados, los padres fueron a su casa y al darle la información, él dijo ‘Ah, sí?’.

Al nacer el niño fue entregado a Aqin que por entonces ya había perdido su reputación. Aqin lo cuidó muy bien; a pesar de que muchos negocios le cerraban la puerta en la cara, consiguió leche, alimentos y todo cuanto el niño necesitaba. Pasado a un año, la chica confesó quien era el padre del niño, un chico que trabajaba en el mercado. La madre y el padre de la chica fueron a ver a Aqin, y tras perdirle perdón quisieron recuperar al niño. Aqin dijo ‘Ah, sí?’.

LA INOCENCIA ES VULNERABLE

Aqin que hasta entonces había pasado por buen hombre y honrado, empezó a ver cuestionada su moral, y sin embargo él nunca tomó parte: ni dijo ‘ yo soy el padre de la criatura’ ni tampoco dijo ‘yo no soy el padre de la criatura’. La gente no comprendía su actitud, si no fuera el padre lo diría, comentaban, pero Aqin no decía nada porque su prioridad era el cuidado del niño. No iba a defenderse; ‘la inocencia nunca está a la defensiva, la moral siempre lo está’.

Cualquier otro hubiera defendido su honradez, incluso siendo el padre del niño, y Aqin, aún sin ser el padre, no se defendió. ¿Qué debía haber pasado dentro de Aqin?. Nada; se limitó a decir ‘Ah,sí?. Ninguna defensa, ningún ataque, simplemente aceptó los hechos porque no estaba a la defensiva, sino que se sentía vulnerable.

En gracia o en desgracia, el sabio sigue igual; respetado o repudiado, el sabio sigue igual, en la vida o en la muerte: ‘Ah, sí?’, sin tomar partido, aceptando el hecho. Ésta es la conciencia de la pureza; si la vida trae honor y alegría, dale la bienvenida, si trae desgracia, dale la bienvenida.

El pecado no es un acto, es la ausencia de equilibrio interior, pero el equilibrio se pierde con mucha facilidad; un pequeño movimiento y ya no estás en paz; has perdido la divinidad. Perder el equilibrio significa que has tomado partido; has dicho esto es bueno o esto es malo. Significa que ahora estás motivado y ya no aceptarás cualquier hecho.

Si Aqin hubiera pensado ‘un día se enterarán de que yo no soy el padre y de nuevo me respetarán’, habría esperado y al final hubiera conseguido su propósito, pero durante aquel año habría perdido su equilibrio. Si no fuera sabio, habría rezado para que la verdad fuera revelada a la gente.

En el lugar de Aqin, te habrías deshecho del niño y trasladado a otro pueblo donde pudieras ser respetado. Habrías hecho lo necesario para recuperar tu prestigio. Aqin le dio todos los cuidados; el niño necesitaba un padre y Aqin le hizo de padre con tanto amor como pudo.

Después de un año, en el que hizo muchos sacrificios por el niño; mendigó para conseguirle alimento y lo cuidó como su propio padre, vinieron a reclamar al niño. Entonces ya se habían establecido lazos; a cualquiera le hubiera resultado difícil renunciar a él, pero Aqin de nuevo dijo ‘Ah sí?’.

Todo el año había sido un sueño; ahora el sueño se ha roto pero Aqin sigue despierto. Un sabio vive entre vosotros como si se tratara de un sueño. Está aquí pero no se involucra; sigue siendo un extraño.

Tu apego crea el engaño; tus elecciones a favor o en contra crean tu ilusión y luego te sientes aturdido ante lo que la vida ofrece.

Aqin se mantuvo equilibrado; cuanto sucedió a fuera no le afectó. No se convirtió en un hacedor; siguió siendo un testigo.

Cuando no hay elección, no hay pensamientos ni agua. Entonces la ilusión desaparece y te encuentras a ti mismo.

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